Valga la redundancia.

Hoy quise escribir.

Desperté con la sensación típica de algunos de querer escribir algo que les llegue a todos.
En la mañana mientras desayunaba, trataba de pensar en qué podía ser, cuando me di cuenta que se me estaba haciendo tarde, quise dejarlo para después.
Durante el lapsus que me fui a la Universidad, también lo intenté, pero no dio resultado alguno.
Ni escuchando música siquiera.
Así que decidí dormir, para ver si en mis sueños podía indagar y sacar algún tema que escapase de lo común y corriente.
No quería que fuera cualquier cosa, no.  A la gente le aburre lo cotidiano cuando se adapta a ello.
Llegando ya a la gran ciudad, emprendí mi camino a pie, como de costumbre.
El mismo lugar, prácticamente la misma hora, y el mismo ritmo de mis pies al caminar en dirección al Metro. Las mismas tiendas cerradas, los guardias con la misma ropa, las mismas luces, el mismo piso...
Y podría seguir, repitiendo todo aquéllo que veo en las mañanas, pero en ninguna de esas cosas quiero enfocarme.
Aún cuando podía ver todos los días lo mismo, mi mente siempre tiene algo que escapa de lo común.
Pero ahora no, estaba bloqueada.
Llegué al Metro, y como de costumbre, dejé mi mochila en el suelo, sin soltarla, claramente, apretujada, viendo gente que se apoya cerrando los ojos de sueño, otros que van con sus parejas al trabajo, escolares, niños que casi no se ven por lo pequeños que son, señoras con bolsas colosales, hombres con maletines que llegan y pasan a llevar a quién sea... Creen que porque llevan un portafolio negro, son mejores que el resto de personas que también usan el metro, e intentando escuchar música, ya que el ruido del vagón siempre me saca de ese trance que me relaja.
Y en el camino durante el tren, no llegó nada a mi mente, nada novedoso.
Me bajé, con la esperanza de que algo surgiera en mi imaginación para poder escribir algo innovador. Mientras caminaba a la Universidad, tampoco surgió algo.
La misma señora de los polerones afuera del metro, la misma tipa que vende sandwiches y queques en la mañana, a la cuál de vez en cuando le compro.
Son ricos sus sandwiches, le recomiendo el de Ave Pimentón. Le gustará.
Finalmente, llegué a la Universidad, me junté con la gente con la que suelo reunirme siempre para ir a clases, y así fue durante toda mi estadía en la Universidad.
Y ahora, aquí estoy, sentada...

Y aún no sé de qué escribir.

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